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sábado, 5 de abril de 2014
viernes, 4 de abril de 2014
FOTOS QUE IMPACTAN DE NUESTRA MILLONARIA BASURA
LA PARÁBOLA DEL COLIBRÍ
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SOBRE UN CACTUS LLAMADO SAN PEDRO
SOBRE UN CACTUS LLAMADO SAN PEDRO
| Érase que se era una vez un cactus alto y delgado que crecía en las tierras de Perú, el Ecuador y Bolivia. Antes de que los europeos llegaran por esas latitudes los nativos lo conocían con el nombre de achuma; al producirse la cristianización todos ellos —excepto los curas— lo vieron claro: si el apóstol Pedro tenía las llaves del cielo, entonces ese cactus era su san Pedro, pues él también guardaba las llaves que daban acceso a los reinos celestiales —a veces previo paso por los infernales—. |
Un día conocí un ecuatoriano que vivía cerca de Barcelona y me contó sobre el uso del San Pedro en sus tierras nativas. Estando en una terraza de bar comentando con unos amigos las desvelaciones que traía consigo la cultura lisérgica, un camarero indígena se les acercó y les dijo: “Yo conozco eso de lo que están hablando”. Esa persona se adentraba periódicamente en la selva ecuatoriana, dónde había un personaje que dominaba el uso del vegetal, y allí participaba con otras personas en dichas ceremonias. Los blancos se sumaron a la excursión y contó que el brujo andaba durante la sesión con un bastón rozando a los participantes diciéndoles: ahora veréis el cielo, y así lo visualizaban. Luego repasaba a la clientela y les tocaba de nuevo uno por uno con la vara y les anunciaba: ahora el infierno, y visitaban el infierno. Mi conocido probó de cocinar el potaje por si mismo y le resultó. “Una bebida digna de brujos”, decía perplejo y admirado aún.
En esta colección de apodos no podían faltar los
botánicos, que acabaron por bautizarlo Trichocereus pachanoi (pronunciado
tricocereus pacanoi) —o el T. peruvianus, primo hermano del primero y que
también es utilizado para confeccionar el bebedizo mágico—. (Estas plantas se
diferencian unas de otras por su flor nocturna, que nace a principios de verano, y por la
longitud de sus espinas -por lo general más largas en el peruvianus)
El san Pedro es un cactus realmente curioso, pues
dentro de la famosa lentitud de crecimiento de esta familia de vegetales es el que
desarrolla de forma más ágil, llegando a crecer más de 20 centímetros en un año, y
resiste un amplio rango de temperaturas, adaptándose a climas húmedos y a diversas
alturas. Rompiendo los esquemas supersticiosos que aseguran que las cactáceas no gustan
de agua, éste agradece lluvias abundantes, así como un suelo rico en nutrientes. (Tiene
otro pariente espiritual más al norte, en México, el cual también gusta de poner en
tela de juicio todo tipo de esquemas: crece bajo arbustos para evitar insolaciones.) Pero
en este caso el san Pedro sigue la línea estipulada para los cactus: se eleva
rápidamente hacia el astro padre buscando luz y calor, alimentándose más aún de sus
rayos que del agua y los nutrientes de la tierra.
Al poder convertirse en un bebedizo mágico dispone
también de estatus legal en nuestra civilización. No está perseguido su cultivo, ni su
venta ni su compra; lo que está mal visto es su ingestión. Se puede encontrar en
floristerías para utilización ornamental, e incluso en Sudamérica se utiliza para hacer
cercos, pues aunque normalmente pierda las espinas en su madurez es tan prolífico y
fácil de enraizar que allí hace la función de los cipreses aquí.
Si alguien quiere hacer de jardinero y dedicarse a la
procreación de tan portentoso cactus hay dos maneras de multiplicarlo: por esqueje, o
bien con semillas. El esqueje pilla rápido, y más si le ponemos hormonas para
enraizarlo; si se parte de una planta ya ancha se tiene la ventaja de que sólo hemos de
esperar a que se alargue, pero ya partimos de un ejemplar grueso. Es conveniente dejar un
zócalo de 15 cm en el cactus original, pues de él saldrán más brazos y continuará
creciendo. Antes de enraizar la parte cortada ha de esperarse que su sección se seque,
pues en caso contrario podría generar putrefacción. La sombra en los primeros meses
facilita el enraizamiento.
La procreación partiendo de semillas tampoco es
difícil. Con un poco de dedicación germinan un 30% de ellas. Eso sí, deben observarse
unos principios de seguridad para que todo no quede en nada. La tierra ha de ser arenosa,
pues los cactus demandan un sustrato aireado y ventilado. No todas las bolsas que se
venden en las jardinerías como sustrato para cactus son válidas. El sustrato ha de estar
compuesto de una mezcla de arena, o perlita, de una granularidad parecida a la de la
playa, más una parte de tierra fértil normal. Si no se dispone de tan mágico compuesto
lo puede amalgamar uno mismo (quizás añadiendo una parte de turba para hacer todavía
más amorosa la mezcla). La arena se puede obtener en la montaña, pues hay vetas de ella
por dónde los geólogos aseguran que antes reposaba el mar. La que se utiliza en las
construcciones vale también, pero deberíamos pedir permiso a los paletas para que nos
presten un poco, ¿eh? Si tomáramos una arena de playa que tiene toda la pinta de haber
estado tamizada por todo tipo de contaminantes modernos, convendría hervirla para
desinfectarla un poco. Rellenando un tiesto con este compuesto maravilloso esparcimos las
semillas por su superficie, sin llegar a hundirlas en ella. Regamos entonces con un
aspersor (pulverizador) para no provocar inundaciones y otras catástrofes en la
superficie. Al día siguiente se le da un toque mágico, y como si se tratara de un pastel
la espolvoreamos con tierra fina, utilizando un colador para ello -en caso de que no
moleste a los miembros de la familia-. Sólo añadiremos una capa de un milímetro de
espesor, más o menos. Volvemos a regar un poco más y a los tres días, cuando ya se haya
evaporado un poco de tanta agua, cubrimos los tiestos con un plástico transparente -para
que se conserve la humedad y deje pasar la luz-. Un poco de calor no iría mal a la
germinación: colocar el tiesto en un radiador suave puede ayudar a que las semillas
germinen en una o dos semanas.
La época adecuada para la siembra es la primavera
(nunca una vez entrado el verano, pues si tienen demasoiado calor posiblemente no
germinará ninguna semilla). Al año siguiente podemos separar la maraña de cactus que
hayan aparecido en el tiesto para trasplantarlos en tiestos individuales. La primavera
vuelve a ser el momento adecuado para el trasplante de las cactáceas, tanto jóvenes
cómo adultas. (Aquí vuelven a invertirse los patrones, pues en la mayoría de plantas la
época adecuada para el trasplante es el invierno.) La mejor manera de hacerlo es con una
cuchara, intentando mantener todo el juego de raíces de cada ejemplar en una porción
compacta; para ello va bien hacerlo al cabo de unos tres días de haber regado la tierra,
marcando con un cuchillo la zona de cada pequeño ejemplar con un corte profundo. También
podríamos sumergir el tiesto en un recipiente con agua dejando que allí se disgregue la
tierra y se desnuden las raíces de cada pequeño individual; éste método sería útil
cuando el tiesto está muy poblado de ejemplares y nos es imposible realizar una
separación con herramientas, pero tiene el inconveniente de que al quedar las raíces del
cactus desnudas, éste tarda más de un año en recuperarse del susto y adaptarse a un
nuevo hogar terráqueo y subterráneo. La solución para tiestos con un gran número de
ejemplares es separar pequeños grupos de cactus y trasplantarlos en famílias, sin que
esta convivencia comunitaria suponga ningún contratiempo para el feliz desarrollo de la
planta individual. Un poco de sombra nuevamente es necesaria durante las primeras semanas
de esfuerzo y adaptación.
Cuando es pequeño el cactus agradece la humedad, pero
cabe desalentar aquellos que piensen en añadir al sustrato un potaje para mantener a
ésta elevada (polidritos). Estos productos dificultan la ventilación de la tierra y nada
es más perjudicial para un cactus. La arena y la turba se colocan precisamente por esto:
para hacer más suelto y transpirable el suelo. De lo contrario las raíces de los cactus
recién nacidos podrían pudrirse. Un plàstico traslúcido que cubra el tiesto es lo más
adecuado para preservar un alto grado de humedad. Conviene quitarlo periódicamente para
renovar el aire.
Durante el invierno obsequiaremos al cactus con una
etapa de descanso: un riego pobre. El primer invierno lo invitaremos a un invernadero,
para ahorrarle un poco el frío.
Y ahora podemos repasar el uso ritual que hacen de esta
planta los nativos de Sudamérica. Evidentemente no la toman para ir de fiesta; en todo
caso para celebraciones religiosas (que también pueden ser una fiesta) y rituales de
sanación.
La preparación del bebedizo se hace con la parte
superior del tronco de este cactus columnar. Se hace así porqué esta zona es la que
tiene más principios activos -y aun mejor en setiembre, después del crecimiento del
verano-. La dosis media oscila alrededor de los 25 cm de largo, teniendo en cuenta que la
planta ha de ser ya madura y con un diámetro de unos 8 cm. El tamaño de brazo que se
coge puede variar no sólo dependiendo de si conviene una dosis menor o mayor, sino
también de si la planta viene de una familia con alta concentración de alcaloide o ésta
es más bien baja (estudios científicos han revelado que el rango de mezcalina en un
ejemplar secado oscila entre un 2,3% y un imperceptible 0,2% del peso).
Una vez cortado se puede dejar secar para conservarlo,
o prepararlo ya en fresco. En caso que de que se seque se suele dejar al sol para que el
proceso vaya más rápido. Tanto si se sigue un camino como el otro sólo la parte verde
del cactus se utiliza -y aún después de haberle quitado una fina película transparente
que protege el cactus del medio-. El núcleo del cactus, la carne blanca, no contiene
mescalina y por tanto se desecha para el brebaje. Partiendo de esta base inicial ya
podemos empezar a estudiar los dos caminos que, bifurcándose, llegan a la misma parte.
Uno de ellos parte de la piel seca del cactus, y el otro lo hierve directamente.
En el primer caso se coge la parte verde del cactus que
se ha dejado secar y se tritura hasta pulverizarse. Esto teóricamente está listo para
ingerirse mezclado con agua o con cualquier otro alimento que no se tome en gran cantidad.
(Durante el día anterior, y a veces durante varios días, se guarda ayuno para limpiar el
cuerpo y centrar el alma). El potaje es bastante amargo y a veces se envuelve con la hoja
de alguna planta.
La segunda manera implica un cocido. Se escoge
nuevamente la piel del cactus y se hace hervir durante un período de siete horas a un
fuego muy lento, con agua suficiente para que el potaje no se queme. (Previamente se
habrá triturado el cactus hasta convertirlo en una pasta un poco pegajosa.) Ya que lo que
se aprovecha es el jugo que queda, y no la pasta, es usual ir separando ambos cada 2 ó 3
horas ya que un tiempo prolongado de cocción estropea la sustancia; la pasta que queda se
vuelve a hervir con más agua hasta completar el ciclo de las siete horas. Después
dejará evaporar el líquido hasta que queda un residuo que tiene consistencia de goma.
En Sudamérica, dónde estas plantas no han dejado de
utilizarse por miles de años, hay unos personajes que aquí llamamos chamanes (aunque
allí los nombran personas de conocimiento) que son expertos en la conducción de
sesiones con estas plantas. La figura equivalente en nuestra cultura serían los médicos,
psicólogos y psiquiatras, pero salvando el gap cultural que separa las sociedades
arcaicas de las industriales: en unas el peso se da en el mundo psíquico, mientras que en
la nuestra la atención se dirige hacia el mundo externo, el físico. El reto que plantean
estas sustancias no es tanto su digestión física, sino la mental. Un antropólogo
comentaba que estas sociedades tienen tan codificada la simbología de su inconsciente
como nosotros nuestra bioquímica. Así pues, la incursión del occidental en el reino del
espíritu puede concluir en extravío, aunque lo deseable sea un reencuentro vivificante
con esta parte de nuestra persona tan ocultada y olvidada. En Sudamérica las sesiones se
llevan a cabo en un marco nocturno y reposado. En occidente, al no disponer de brujos,
conviene una persona próxima y que disponga de experiencia para que nos acompañe.
Cómo clonar un cactus San Pedro
Cómo clonar un cactus San Pedro
El cactus San Pedro crece rápidamente y, con el cuidado adecuado, se adecúa bien en la mayoría de los entornos. Mientras que
crear este cactus columnar a partir de la semilla requiere poco
trabajo, puedes producir un cactus más grande y de crecimiento más
rápido a través de la clonación. El mejor método para la clonación
consiste en tomar un corte de un cactus San Pedro y proveerle
condiciones ideales de crecimiento a las raíces.
- Nivel de dificultad:
- Moderadamente fácil
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Necesitarás
- Guantes de cuero
- Cuchillo afilado, esterilizado con alcohol
- Tierra para macetas decactus
- Piedra pómez
Lista completa
Instrucciones
-
1
Ponte un par de guantes de cuero y selecciona una columna saludable para cortar del cactus de San Pedro. Cortar la columna al menos 8 pulgadas (20 cm) desde la parte superior con un cuchillo afilado y esterilizado. El corte puede ser tan grande como desees.
-
2
Coloca el corte en una superficie limpia y en un lugar oscuro con un montón de ventilación de aire, durante dos semanas en sanar. El proceso de curación reduce el riesgo de infección por hongos; cuando haya sanado, la zona de corte se verá seca y arrugada. Como el cactus San Pedro es tolerante a las sequías, esto no lo dañará.
-
3
Combina una mezcla 3:1 de tierra para macetas de cactus y piedra pómez en una maceta limpia. La piedra pómez asegurará el drenaje del suelo para evitar que se pudra.
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4
Planta el corte seco de cactus San Pedro en la mezcla de tierra para macetas a 2 pulgadas (5 cm) de profundidad. Acomoda la tierra a su alrededor, así se mantiene de pie y déjalo en un lugar fresco y soleado durante dos semanas sin agua.
-
5
Mezcla la mitad de la cantidad recomendada por el fabricante del fertilizante líquido para cactus con una cantidad grande de agua. Un índice completo de fertilizante líquido puede dañar las raíces frescas. Riega el cactus, empapando el suelo, hasta que comience a filtrarse por los agujeros de drenaje. No riegues el cactus San Pedro otra vez hasta que el suelo esté completamente seco.
-
6
Mantén cactus clonado de San Pedro en un lugar fresco, soleado y continúa permitiendo que el suelo se seque completamente entre cada riego. Aplica la mezcla de fertilizantes y agua dos veces al mes, mezclada en la proporción total recomendada por el fabricante.
Cuando reza el corazón.
El Circulo de la Vida_________________________*
La antigua rueda de la medicina nos recuerda que estamos unidos de forma perenne e incesante al núcleo vital y creativo de la vida. Cuando nos alejamos y perdemos consciencia de esta relación sagrada con la esencia, también permitimos que la armonía innata de nuestra experiencia se quiebre, se resquebraje. Este poderoso símbolo de unidad nos recuerda volver a la única fuente capaz de nutrirnos, de sanarnos y de transformar nuestras vidas.
La antigua rueda de la medicina nos recuerda que estamos unidos de forma perenne e incesante al núcleo vital y creativo de la vida. Cuando nos alejamos y perdemos consciencia de esta relación sagrada con la esencia, también permitimos que la armonía innata de nuestra experiencia se quiebre, se resquebraje. Este poderoso símbolo de unidad nos recuerda volver a la única fuente capaz de nutrirnos, de sanarnos y de transformar nuestras vidas.
Mujer Nagual
QUÉ ES MORIR
REFLEXIÓN DEL DÍA… “La muerte no es apagar la Luz; es solamente apagar
la lámpara porque ha llegado el Amanecer”… (Rabindranath Tagore).
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